Ella, al verlo, materializó una sonrisa que ocupaba todo su alrededor de la alegría que le dio. Juan le ofreció un cálido abrazo para reconfortarla del duro camino que había llevado.
A San Pedro no le hizo falta ver nada más para abrir las puertas del cielo; al cruzarlas se reunió con su marido que partió casi tres décadas antes y la esperaba sentado en la mecedora desde donde la había estado protegiendo hasta su reencuentro.
Pasaron los días y las noches hasta llegar la Nochebuena donde se reunieron todos junto a las demás almas para celebrar el nacimiento de Jesús.
María estaba muy desconcertada por lo que ocurría a su alrededor y por los que había dejado en la vida terrenal.

Por eso cada año se celebra en la casa como si fuera el último. Mientras miramos por la ventana con la copa alzada para brindar con los del otro reino y ellos nos devuelven el brindis pidiendo salud por los de la tierra.
Hi!
ResponderEliminarQue historia más bonita, a mi no me contaban estas cosas y si hacía más preguntas de la cuenta en el cole de monjas me caía una tocha... ¿o era un cole de monjes?
Desde aquí brindo con Junior mirando la pantalla en lugar de la ventana.
Besitos.
Que bonito eres mi querido cojín jaja espero que hayas pasado felices fiestas y que el año nuevo lo estés empezando estupendamente. Muchas gracias y un abrazo enorme
EliminarValla historia, esta bonita :)
ResponderEliminarMuchas gracias, un saludo
EliminarHermosa y tierna historia. Hasta pronto. Un abrazo.
ResponderEliminarMuchas gracias y encantada de verte por aquí. Un abrazo
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