Así que nos levantamos bastante pronto para coger el autobús porque además el fin de semana hay menos viajes y cuando llegamos a la parada más cercana empezamos a ponernos de mal humor porque era la hora de que pasara y por ahí no aparecía ni el tato.
Había bastante gente más esperando y alguien que pasó nos dijo que iba a tardar porque había una carrera, una media maratón que se disputaba a esas horas y que pasaba justo por el recorrido que hacia el bus, uno que, mira que casualidad es el que justo llega al hospital, el único que va directo hasta allí, ¡para una urgencia vamos!
Así que ni cortas ni perezosas echamos andar pensando que acabaríamos llegando antes caminando al centro de la ciudad.
Unos pocos metros más y nos encontramos con uno de esos puestos donde los corredores pueden coger agua, además de varios policías y voluntarios y por supuesto la calle cortada par los coches y de nuestro autobús.
Llegamos tan oportunamente que justo pasaban los corredores en ese momento y vi algo que me dejo flipada: los voluntarios les daban botellas pequeñas de agua abiertas prácticamente al vuelo y casi todos ellos daban un trago o se echaban un poco en la cabeza o la cara y luego la tiraban al suelo.

He de decir, en honor a la verdad, que unos pocos cogieron la botella, dieron un trago y la conservaron en la mano para seguir aprovechándola.
En fin, que yo aun estoy alucinando, tuvimos que ir y venir andando del centro a casa porque ni autobuses ni coches podían pasar por allí y encima ver como se tiraba el agua. De traca, vamos.
¿Os parece bien que las pobres botellas de agua tuvieran ese final? ¿Soy yo la que exagera por parecerme tan mal?
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