lunes, 15 de enero de 2018

El último arcoiris

Y ahora ¿qué quieres que haga yo cuando vaya a la cocina y no te vea en tu jaula, cuando ya ni siquiera esté tu jaula?
¿Qué quieres que haga yo cuando no me des los buenos días y yo te trate como a un niño pequeño como si fuera tu mama?
¿Qué quieres que haga yo cuando no te vea dormir durante el día con lo bonito que estabas acurrucadito?
¿Qué quieres que haga yo cuando no acerques tu naricita a los barrotes de tu jaula para saludarme?
¿Qué quieres que haga yo cuando corte frutas o verduras y me quede con ellas en la mano porque tú ya no vas a disfrutar de tu ración?
¿Qué quieres que haga yo con la comida que ha quedado abandonada en la bolsa y la barrita de cereales y miel que te compré la ultima vez que estuve en Madrid?
¿Qué quieres que hago yo con la que dejaste a medias en jaula y que no te dio tiempo a comer entera?
¿Qué quieres que haga yo cuando me acuerde de lo suave que eras y lo limpio que tenías siempre el pelo cuando te acariciaba, si ya no voy a poder volver a hacerlo?
¿Qué quieres que haga yo si ya no voy a escuchar tu ii iii iii cuando iba a cogerte o cuando me veías después de unos días fuera o simplemente cuando a ti te parecía hacerlo?
¿Qué quiere que haga yo con esa sensación al levantarme esta mañana y ver que estabas acostadito ahí, sin moverte y sin hacerme caso cuando te he llamado y al tocarte te he sentido tan frió, cuando  tú siempre dabas tanto calor?
Y ahora ¿Qué quieres que haga yo? Si ya no voy a sonreír cuando te veía entretenido mordiendo los barrotes de tu casa con eso dientes pequeñitos y amarillos. 
Y ahora ¿Qué quieres que haga yo? Si ya no vas a coger el quesito que te daba, con esas pequeñas manitas, casi como si fueras una persona.
Y ¿Qué quieres que haga yo si ya no vas a cerrar los ojitos al verme y acurrucarte para que te acariciara esas orejitas, y el lomo y las patas? Con lo feliz que te hacía a ti y a mí aunque me costara reconocer que se puede querer tanto a una mascota.
Y ¿Qué hago ahora yo si no voy a verte tapar la puerta y la ventana de tu casita con papel porque tenias frió en invierno?
Y ¿Qué hago yo si no vas a roer más papel, ni a quedarte dormido en cualquier sitio, si no vas a buscar el sol para colocarte allí, si no vas a sacar la cabecita para cotillear quien ha entrado en la cocina, si no vas a salir para ver si te dan algo rico de comer o a acariciarte como tanto te gustaba, si no vas a volver a pegar esos saltos para subirte de un piso a otro en vez de usar las escaleras?
¿Qué hago yo sin volver a tocar esas patas y esas orejas y ese cuello y sentir ese calor que dabas y ese amor al perseguir mi mano cuando te limpiaba la casa?
Y ¿Qué hago yo sin ver esos pequeños ojitos negros que me miraban cuando me acercaba?
Mi pequeño, ojalá te hubiese visto dormir, despedirme, darte cariño, no dejarte solo... descansa donde estés. A nosotras lo que nos quedará, será tu arcoiris.

lunes, 8 de enero de 2018

En el metro II

Ella va unos metros por delante de mí, parece que lleva prisa, al doblar la esquina le pierdo la vista ¡vaya! Mi mente empieza a montar en unos segundo toda una historia de lo que podría haber sido, la silencio diciéndome a mí misma: una lastima, aunque no dejo de sorprenderme.

Llego a la esquina donde le perdí la pista y me encuentro una nota diciendo: sígueme. Miro hacia un lado y hacia otro y no veo nada más que vaya dirigido hacia mí.


Sigo hacia delante y justo en un recoveco que hay entre el ascensor y la cabina de la taquilla,  me toman del brazo y me meten hacia el hueco que queda en la oscuridad, donde no llega la luz fluorescente de los tubos del techo.

En ese momento me empieza a entrar miedo, pero cuando descubro que estoy pegada a una camiseta blanca que cubre unos pequeños pechos y ese pelo que recuerdo a la perfección de un instante atrás, mi mente empieza a vibrar de tanto pensar que ya no hay nada claro sobre lo que pueda suceder en ese momento.

Ella se acerca a mis labios y me dice: si te he llamado tanto la atención no me pierdas la pista.  Me suelta las solapas de la chaqueta y echa a andar, saliendo del metro.


Yo me quedo helada por un instante, pero lo justo para poder reaccionar y ponerme a andar; lo que no sé todavía es si seguir mi instinto o continuar rumbo a mi casa, que era mi plan inicial.


No, no, no ¿qué digo? Esto no puede quedar así, se empieza a despertar una curiosidad en mi interior que me hace notar arder mi vientre bajo.

lunes, 1 de enero de 2018

Te imaginas el mundo al revés...

Había olvidado cual es su fuente de energía, su motor, sus ganas de vivir, qué era eso que la mantenía viva y le hacía levantarse cada mañana.

Apenas sentía la sensación de hambre y no recordaba cuando tenía esas ansias y ganas desmesuradas de comer porque ya no las sentía.

Le parecía que no veía bien, con la misma claridad que antes, que había perdido sensibilidad en el cuerpo, que el oído no era tan fino como hacía unas semanas, quizá sí su olfato.
Pero nada le proporcionaba el mismo placer que antes, ni olores, ni bebidas ni alimentos, ni siquiera el sueño llegaba a ser reparador y se sentía casi todo el día cansada y sin fuerzas, con sueño por las esquinas, como si fuera un autómata, un zombi.

Abría los ojos cada mañana y todo parecía irreal, como un sueño, como si siguiera durmiendo de alguna forma pero con los ojos abiertos.
Miraba despacio a su alrededor, intentando reconocer y hacer suyo y conocido todo lo que veía. Se miraba las manos, se fijaba en las líneas  que revelaban el hecho de que ya no era una niña sino una mujer y observaba sus dedos y sus uñas como si no las reconociera propias; las acercaba a sus labios para sentirlas y se daba pequeños mordisquitos en las yemas de sus dedos para asegurarse de que los sentía suyos.

Cerraba los ojos y los abría de nuevo como esperando que al hacerlo todo fuera igual que siempre, igual que antes, con normalidad y no como ahora que aún conociendo lo que le rodeaba y a si misma, increíblemente le parecía raro.



No había bebido pero se notaba como en una especie de trance o en un estado de embriaguez, que a falta de una exactitud mayor en sus palabras era todo cuanto podía asemejar a lo que pasaba.

A veces estaba con bastante tranquilidad pese a este estado extraño y otras veces simplemente no podía soportarlo, parecía que salía de sí, como si la mente no estuviera en su cuerpo, como si un ataque de pánico se apoderara de ella y temía volverse loca, perder el control, la cordura y aquello le obsesionaba.
¿Y si no se pasaba? ¿Y si no era algo temporal sino permanente? ¿Y si no podía seguir con su vida normal, estudiar, trabajar, establecer relaciones...? ¿Y si olvidaba todo lo anterior? A ratos le parecía demasiado lejana su vida cotidiana antes de "esto".

Le aterraba no volver a conectar, perderse y tener que vivir el resto de sus días sin explicación, ya no era como sobrevivir que era lo que hacía antes, ahora ni siquiera podía ponerle la palabra adecuada.

Esa noche volvería a cerrar los ojos de nuevo cuando fuera a dormir y solo esperaba que al día siguiente volviera todo a la normalidad.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Navidad desde el cielo

María fue la última en ascender al reino de las estrellas a encontrarse con su hijo que marchó unos años antes que ella. Él estaba esperando junto a San Pedro para que tuviera un buen recibimiento al verla, estaban tan unidos que sabía que le haría mucha ilusión.

Ella, al verlo, materializó una sonrisa que ocupaba todo su alrededor de la alegría que le dio. Juan le ofreció un cálido abrazo para reconfortarla del duro camino que había llevado.

A San Pedro no le hizo falta ver nada más para abrir las puertas del cielo; al cruzarlas se reunió con su marido que partió casi tres décadas antes y la esperaba sentado en la mecedora desde donde la había estado protegiendo hasta su reencuentro.

Pasaron los días y las noches hasta llegar la Nochebuena donde se reunieron todos junto a las demás almas para celebrar el nacimiento de Jesús.
María estaba muy desconcertada por lo que ocurría a su alrededor y por los que había dejado en la vida terrenal.

Pero Juan que permanecía a la sombra de ella, observándola, le explicó que era el momento para celebrar que volvían a estar juntos aunque hubiera dejado ese vacío en los otros corazones y que lo mejor que podían hacer en ambos reinos, era pasar estas fechas lo más unidos posible porque nunca se sabe si será la última Navidad.

Por eso cada año se celebra en la casa como si fuera el último. Mientras miramos por la ventana con la copa alzada para brindar con los del otro reino y ellos nos devuelven el brindis pidiendo salud por los de la tierra.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Tiene que llover

Estamos en pleno otoño y todos decimos que tiene que llover, es gracioso (por decir algo) porque los pantanos están en sus limites, la vegetación parece que es todo pasto, el ambiente es prácticamente de primavera-verano, muchos acontecimientos de sequía que no auguran nada bueno.

Sin embargo no nos planteamos el por que de esto, simplemente seguimos cogiendo el coche con una sola persona en el interior, utilizamos muchos aerosoles, no reciclamos, los índices de contaminación se disparan como la boina de Madrid que cubre ya hasta Toledo. Pero tiene que llover.

El clima esta cambiando a pasos agigantados, lo glaciares cada vez están más derretidos, el clima en vez de ser con cuatro estaciones se va a quedar con dos ¿cuando se han visto indicios de huracanes en el Mediterráneo?

Y no lo vemos, solo decimos que tiene que llover, pero no hacemos nada por cambiar nuestra actitud respecto al medio ambiente, queremos vivir bien y que nuestra descendencia viva en un mundo que no se como se lo pintáis pero de color de rosas no tiene pinta de que sea, porque parece que lo que podemos conseguir son desiertos, huracanes, lluvias torrenciales, subidas de los océanos, bosques totalmente talados, en definitiva naturaleza muerta y con ello el fin de la especie humana.

Los árboles son la principal fuente que nos libra de mucho CO2 y nos devuelven lo que nosotros necesitamos para vivir, acabamos con su vida.
Los océanos y mares que nos dan su fruto y regulan nuestras temperatura, lo vamos contaminando con la salida de los productos de fábricas y de algunos productos químicos que le ponemos a los alimentos que sembramos.
Pero tiene que llover. Creo que en vez de mirar tanto al cielo más nos vale mirarnos las manos para empezar a cambiar esta situación.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Jam poético musical

El próximo jueves día 14 de diciembre a las 22.00 horas, se celebrará un recital de poesía en un precioso local de Algeciras, Limbo. 

Contaremos con acompañamiento de guitarra en cada poema y con algunas canciones de cosecha propia del canta-autor, todo ello, junto con el buen ambiente y la posibilidad de beber y comer algo,  amenizarán la noche.

Si queréis hacer algo diferente, esta es vuestra oportunidad, una noche llena de cultura por todo sitios, música, poesía...

Os invito a darle una oportunidad a este género; la poesía moderna ofrece un amplio temario de aspectos actuales que a todos nos interesan y está escrita de una manera menos rígida que aquella que estudiamos en el colegio, haciendo que llegue mejor a todas las personas.

Yo recitaré algunos poemas de mi libro: "Huevos revueltos para desayunar" que además podrá adquirirse allí esa noche y que firmaré con mucho gusto.

Nos encantará sentirnos arropados por todos lo que quieran pasarse, muchas gracias de antemano a todos y un abrazo.



lunes, 4 de diciembre de 2017

1-10...

No, no nos conocemos en persona ni llegaremos a hacerlo. Te escribo pensando que, como dice alguien que quiero, seguro que lo escuchas, lo ves... no sé, seguro que te enteras. Después de todo, eres inmaterial, intemporal... eterna.

Vives en un lugar donde no hay ni bien, ni mal, ni prisas ni atrasos, donde todo es posible y puedes viajar de allá para acá en un instante. Quizá me hayas oído y te hayas pasado a saludar o a escuchar discretamente mis pensamientos o alguna conversación.

Compartimos algo que me hace mucha ilusión, el día de nuestro cumpleaños. Nos separan algunos de distancia pero ya no la habrá para ti, no te hace falta.

Seguramente parece una estupidez que sienta tu marcha porque nunca nos hemos visto en persona, pero confieso que al saberla lloré. A veces los humanos somos tan incomprensibles que queremos lo que no vemos o lo que no hemos llegado a tener, pero igualmente de deseamos.

Te fuiste demasiado pronto aunque no puede decirse que sin avisar, pero las despedidas son duras a pesar de todo.

Te veo cuando te recuerdan el televisión, en redes sociales, en una especie de reallity que veo y vuelvo a ver porque a mi novia le encanta y allí sales tú, tan sana y única como eres.

Te escucho cantando con músicos que me encantan, te veo en la cara de tu hija cuando sube una historia o una publicación nueva a Instagram.

Ella es igual, tu misma cara y si la veo, te veo a ti. Tranquila, ella está bien, siempre se le ve feliz, la educaste bien. Quiere vivir y te adora estés donde estés, estoy segura, eso es importante.


Te escribo porque quiero dejarte por aquí este homenaje, para ti y para mí aunque no me conozcas. Perdona este atrevimiento y hasta siempre.