lunes, 22 de mayo de 2017

Sígueme

Lo más probable es que la mayoría de vosotros no hayáis oído nunca hablar de este libro, se trata de las vidas, más o menos entrelazadas, de tres chicas jóvenes que se conocen y que aman a mujeres.

Olga Martí que es su autora, fue hace muchos años finalista de los premios Odisea con esta obra y tuvo muy buenas críticas en su momento, desde luego la mía también va a ser buena.

Personalmente lo leí hace muchísimos años, creo que más de diez y recuerdo que me gustó. No hace mucho lo vi por casa y me apeteció leerlo otra vez, así que aquí estoy haciendo una reseña sobre él porque en mi opinión lo merece.

Sígueme habla de amor, de desamor, de sentimientos encontrados, de miedos, de pasión, de juerga, tabaco, alcohol y de simplemente sexo.

Es de primeros de lo 2000, donde las protagonistas tienen aproximadamente la misma edad que tenía yo cuando lo leí y ahora mirando atrás es curioso que hayan cambiado cosas como que ya no se puede fumar en los locales, que no existía whatsapp y se hablaba por sms o llamando, se mandaban correos y los llamábamos ocurrentemente emilios, conocíamos a la gente hablando por chats y cosas así.

También se nota que hace más de diez años la homosexualidad no estaba tan aceptada y la juventud tardaba más en salir del armario con familia y conocidos e incluso había más casos en que los padres echaban de casa cuando se les decía que eras gay o lesbiana y es algo que tristemente en el libro se refleja. Son detalles que, viviendo ahora una época un poco más liberal, casi había olvidado.

El libro se lee muy rápido y en cada capítulo podemos saber como va cada protagonista en un tiempo y lugar exacto, desarrollando la autora las peripecias de cada una.

La historia es fresca y ligera, no se mete en unos entramados complicados pero tengo la pega de que me esperaba otro final, no es que acabe mal pero soy la tonta de los finales felices y aquí me quedo con falta de algo, aunque al menos no termina mal del todo.

Lo recomiendo, da igual si sois lesbianas, chicos, chicas, hetero o de cualquier otra 
identidad que no haya nombrado.

Es una libro entretenido sobre todo para la juventud porque es quien más y mejor se verá seguramente reflejada. Desde luego si lo leéis, espero que os guste.

lunes, 15 de mayo de 2017

Dar

Dicen que hay que dar para recibir. Pero ¿Hasta donde estamos dispuestos a dar y en que sentido?

Las madres en su primer encuentro con sus bebes ya en el vientre lo dan todo por sus futuros hijos, incluso si hiciera falta la vida como ocurre muchas veces en el reino animal.

Pero fuera del ser madre o padre con ese instinto adquirido ¿hasta donde damos? Quizás en las relaciones se da todo sin miedo a nada, aunque la respuesta en algunas ocasiones no es la que deseamos y menos aún cuando hay líos de faldas.

Las personas podemos llegar a devastarnos por seguir ahí al pie del cañón, esperando un mínimo de ese ser que nos han vendido y que al fin y al cabo es una idea que nos hemos formado en nuestra cabeza.

Otras veces en el trabajo, el jefe está apretándonos tanto las tuercas, alentándonos con que hay que dar a la empresa lo que necesita y más, para luego no tener la recompensa merecida, lo que consigue es que nos frustre.

Esta frustración es trasportada a otros ámbitos de nuestra vida: como puede ser la amistad, cuando recibimos una muestra de afecto y no somos capaz de gesticular si quiera un "y yo también".
Entonces que es lo mejor ¿Dar para recibir o dar sin esperar nada a cambio?

Cuando las acciones que uno realiza para bien de el de al lado las hace sin esperar nada a cambio, solo para que esa persona este mejor, tu conciencia esta tranquila, relajada porque tú has hecho lo que está en tu mano para mejorar a tu alrededor.
Pero si por el contrario crees hacer lo mejor y minas a esa persona con inseguridades, miedos, etc.. ¿Cuánto quieres a esa persona?

Muchas veces somos tan sumamente egoístas que pensamos que lo mejor para esa persona es dar para luego quitar, como cuando se le da un caramelo a un niño y luego se lo quitas en ese instante, el niño pasa de un estado de felicidad a otro de decepción que no sirve para nada, aquí el fin no es positivo para el niño.

Así que, en muchas ocasiones es mejor apartarse a un lado de esa persona para que pueda dar esos pasos, que encuentre la felicidad aunque no sea a nuestro lado como quisiéramos, pero es mejor dar hacia otro lado que recibir incertidumbre o silencios.

lunes, 8 de mayo de 2017

Gira, gira

Uno de mis alumnos me ha regalo un spinner. Es blanco y aunque al principio me ha parecido una chorrada de críos, he acabado cogiéndole la gracia y el truco.

Es domingo y me he despertado pronto, es una asco porque me fui a dormir sobre las dos de la madrugada y aún así me costó dormir.

Me pican los ojos y tengo la nariz congestionada, moqueo y tengo algo de tos. Me levanto y voy al baño, me miro al espejo, tengo los ojos muy rojos.
Vuelvo a la cama y los cierro, pero ya no tengo sueño. Acabo levantándome otra vez y desayuno. Es pronto, me cundirá la mañana - pienso-.

Una hora después estoy frente al ordenador, reviso el correo y reparo en algo que no había mirado antes, bandeja de entrada, correo no deseado, borradores, elementos enviados, elementos eliminados... archivos.
¿Qué hay en los archivos? - me preguntó - nunca he llevado el ratón hasta allí y al pinchar es cuando lo veo, hay varios mensajes de alguien que quiero olvidar y que supuestamente ya he borrado, sin embargo están ahí y no sé la razón.
Me debato entre borrarlos sin más o mirarlos. Vence la curiosidad de saber que ponen aun siendo muy consciente de que voy a torturarme, pero con todo, los abro.

Por supuesto hay un poco de todo, palabras de conversaciones estúpidas y sin más que elimino sin daño y luego las moñadas... y yo a ti niñata (seguramente en contestación a un te quiero), no me pienso ir pequeñaja... buenos días bonita, te quiero mi pequeña Sari.

Son de hace dos años, no sé qué narices hacen ahí porque creía haberme asegurado de borrarlo todo sobre ella pero de todos modos lloro, solo un poco, soy una sensible de mierda y se me han escapado unas lágrimas, no he podido evitarlo. 
Supongo que la recuerdo, que reconozco a la persona de esas palabras y sé que la quiero, o que la quise, a ella, en ese tiempo, la Sara de ese momento y pienso si a las personas se las supera o si no se las olvida nunca.

Miro mi spinner, lo cojo, le doy vueltas, con una mano, con las dos, para la izquierda, para la derecha, más fuerte, más flojo, le doy tan rápido que casi vuela, luego se va parando estúpido y verlo girar tan despacio me desespera o me hipnotiza, no sé.
Lo veo girar y a veces parece que va para un lado y a continuación para el otro, la mente me engaña o los ojos, no sé, yo soy de letras y esas cosas me llaman la atención pero tanto no me interesan.
Solo me interesa sostenerlo en las manos y ver que gira, que rueda, que forma dibujos y que mirándolo se me olvida pensar.

Me entran escalofríos pero fuera hace calor o al menos veo un sol resplandeciente por la ventana. Siguen picándome los ojos por la fastidiosa alergia de primavera, sorbo los mocos y noto como me pica la garganta; elimino casi todos los mensajes menos uno, lo releo, "te quiero mi pequeña Sari" casi la oigo decirlo con esa voz que, muy de fondo en mi cabeza, recuerdo.

Giro de nuevo el spinner y me autohipnotizo, tengo los ojos llorosos y no puedo evitar otra lágrima. 
Es la alergia - me digo, nada más que la alergia - esta vez me sueno los mocos y miro como gira el spinner frente a la ventana. Estoy deseando que acabe la primavera.

lunes, 1 de mayo de 2017

26 de abril

El día 26 de abril es desde hace solo unos pocos años en día de la visibilidad lésbica aquí en España y como fue en esta misma semana, he querido escribir alguna cosilla al respecto.

Como casi todos sabéis soy mujer, madrileña, estudiante de derecho, friki, lectora, escritora... y también soy lesbiana.

A mucha gente le parece absurdo seguir reivindicando estos dçias y estos temas porque parece que todo es ya muy normal y aceptado y que sobra y que no hay días del orgullo heterosexual y que encima no solo del orgullo LGTB sino ahora uno de las lesbianas.

Bueno, queridos, a estas alturas aunque parezca mentira la mujer aún lucha por su igualdad. Lo hace en el trabajo teniendo que demostrar más esfuerzo que el hombre, lo hace aguantando sueldos más bajos pese a realizar la misma tarea, lo hace en casa ocupándose aún la mayoría de las veces de limpieza, ropa, comida, hijos etc y lo hace cada día.

El mundo homosexual pasa un poco por lo mismo. Sufre discriminación, lucha por tener la misma igualdad que el heterosexual y tiene que demostrar cosas que no harían falta.

Y aquí llegan las lesbianas. Nos llevamos la palma, por un lado ser mujer y por otro homosexual, el dos por uno, el premio gordo y luego preguntan que por qué del día de la visibilidad.

Pues porque tener 15 años y darte cuenta de que te gustan las mujeres y no conocer a nadie más que le pase igual, da miedo. Porque tener 30, estar casada y con dos hijos pequeños y darte cuenta de que te has enamorado de esa otra mamá que también lleva a los niños al parque a jugar, da miedo. Porque ver que tienes un padre que siempre que sale alguno de los presentadores gay de la tele les grita maricón y da un golpe en la mesa diciendo que ojalá Franco levantara la cabeza, da miedo.

Pero lo que te quita el miedo es salir a comprar el pan y ver que en la tienda hay una pareja de lesbianas con un niño agarrado. Lo que te quita el miedo es ver que que tu actriz favorita se ha casado con su pareja femenina de hace 7 años. Lo que te quita el miedo es que tu profe de matemáticas vaya a coger el coche después de clase y le veas un llavero con una bandera del arcoiris en la mano.  

Por eso es importante el día de la visibilidad y me da igual que sea de la visibilidad lésbica, transexual, bisexual o cualquier otro tema en el que haga falta. 

Lo que yo quiero es que nadie tenga que tener miedo por ser de una minoría, por sentirse diferente al principio. Sinceramente querer a otra persona siempre es maravilloso y en mi opinión merece toda la visibilidad.

lunes, 24 de abril de 2017

Pensaba que no te volvería a ver

"Esas fueron las últimas palabras que me dije en mi mente antes de que partieras, hacia el otro lado.

Desde aquel día que no andabas junto a mí, al llegar a casa ya no notaba tu presencia, no me acompañabas en las siestas de esas tardes de manta que tanto frío hacia y nos dábamos calor el uno al otro, tú en mis corvas y yo rodeándote con mis piernas o cuando te sentabas frente a la chimenea a esperar que la encendiera porque te gustaba contemplar el baile de las llamas y cuando me esperabas asomándote por la ventana a que llegara de trabajar; aún esta el hueco en el sofá hecho por el peso de tu cuerpo".

Estos fueron algunos de los recuerdos que le quedaron a Silvia de un fiel amigo, no era muy amistoso, normal, parecía un tigre de lo grande que era y con esas rayas que cubrían todo su cuerpo, pero se hacia querer con los guantazos que te daba y sus mordisquitos cuando algo no le gustaba o lo habías mosqueado aunque dentro de tan gran fiera era el trozo de pan que solo entendían sus padres.
Por que al final sea de una especie u otra todos estamos destinados a querernos y un felino por muy arisco que sea con el ajeno a los suyos, los amará por encima de todo.

"Aún recuerdo cunado la casa de noche se quedaba fría, como venía con mucho tacto a meterse bajo las sábanas buscando el calorcito, podías tener la cama hecha que allí de todos modos veías la silueta del rosquito hecho bajo el edredón.

Ya no escucho el ronroneo que tanta paz me daba y busco por algún lugar algo tuyo, esa forma de amasar el sitio antes de ponerte cómodo, que no era cosa de unos segundos y después no podía moverme para que no me enfilaras con tu mirada.

Ahora te podré tener un poco más cerca aunque no pueda sentirte, porque siempre estarás en nuestros corazones".

lunes, 17 de abril de 2017

¿Sí o no?

Me gustan mucho las series, los libros y las películas de género fantástico, desde magia, vampiros hasta cualquier otro tipo de ser curioso, mitológico o más recientemente inventado, que tenga poderes o características sobrehumanas o que sea inmortal. 

A menudo pienso que me meto tanto en ellos y los vivo de tal manera y con tanta intensidad, que me gustaría que fueran reales, que alguna de esas peculiaridades fuera de verdad como vivir eternamente.

Y luego te das cuenta de que tienes más de treinta años y la vida pasa. No has hecho ni la mitad de cosas que soñabas hacer, ni las que simplemente dabas por hecho que harías.
Sí, con treinta y pocos soy joven, pero siento que los días se van y el tiempo no se recupera, es lo único que pasa y no tiene vuelta atrás.

La cuestión es que nos pasamos la vida haciendo lo que está bien, lo que se espera que hagamos, lo que se debe, lo que la sociedad ha establecido y te han enseñado los mayores que se haga y sinceramente a veces si lo piensas es un asco.

Somos personas intolerantes, intransigentes, llenas de prejuicios, cada vez más impacientes y amargadas. Nos levantamos, seguimos la rutina de trabajo o estudios, parejas, casa, hijos, perro y vacaciones a la playa.

Pero y ¿qué más? Y si me parece poco o aburrido o demasiado programado para que una sociedad funcione como en cualquiera de las distopías tan de moda hora tipo Divergente o Los juegos del hambre. No quiero que me digan lo que tengo que hacer ni que me controlen. ¿Quién de nosotros es dios para juzgar? ¿Quien se ha proclamado sabio absoluto y conocedor de una única y valida verdad?

Lo que estaba pensando es que no atendemos a nuestros deseos, vivimos queriendo y ansiando lo que nos dicen los demás, para lo que nos han programado, según la manera que han diseñado para nosotros.

Y me pregunto... si me quiero comer un bocadillo de salchichón porque amo el salchichón, me encanta, me hace sonreír, lo saboreo y lo siento por todo mi cuerpo hasta la digestión, ¿Por qué tengo que pararme a pensar si está mal que lo haga porque tendrá grasa saturadas que aumentarán mi colesterol, exceso de sal y conservantes, me causará una difícil digestión para la poca proteína animal que me aportará y algunos otros perjuicios en lo que no me voy a entretener? Si a mi me hace feliz merendar un buenisimo bocata de salchichón y ahora ya no sé si me compensa o no hacerlo. ¿Qué es más importante, mi salud a largo plazo o mi momentánea felicidad con efectos perjudiciales en algún tiempo?

Imaginemos que tengo una amiga desde hace algún tiempo, me apetece escribirle, no, mejor aún mandarle un audio, no, mejor aún llamarla para charlar, que me cuente, contarle yo y disfrutar de ese tiempo con alguien que quiero porque me ha parecido que es lo normal. 
Y entonces pienso ¿Por qué la tengo yo que llamar? ¿Por qué no me llama ella o me escribe si quiera, si la última vez la hablé yo y además ella fue la última en escribir mensaje y no se despidio ni nada? Pues paso de ella, ya no la llamo, yo también tengo dignidad, ¿Por qué voy a ir a arrastrarme? Si quiere algo de mi pues que me busque, ¿no? Que también me demuestre que le importo, estoy harta de ser siempre yo la pringada, si no da ella es que no le apetece saber de mi ni quedar conmigo... 

Pero con todo eso sigues queriendo hablar con ella y tienes que pensar si te importa más tu felicidad al ver que cuando tú le hablas contesta, aunque tienes esa sensación interior de rebajarte... o conservar tu supuesto orgullo y dignidad -que no sé hasta que punto también puede provocar felicidad- pero quedarte sin saber de la amiga a quien tanto te apetecía ver o llamar.

Quizá es el efecto de la alergia primaveral que está empezando a incomodarme o el exceso de desasosiego interior al que me enfrento los últimos tiempos. El caso es que si solo voy a tener una vida y por edad ya he gastado al menos un tercio de ella, quiero aprovechar el tiempo, mis ganas, las circunstancias y encontrar un equilibrio de buena vida sana física y mental.

lunes, 10 de abril de 2017

Addenda

Dicen que la depresión es exceso de pasado y que el exceso de futuro es la ansiedad. Pues yo creo que recordar el pasado a veces me provoca ansiedad y pensar en el futuro me deprime.

Lo confieso, sí, estoy moñas, la melancolía se ha apoderado hoy de mí y solo por este día voy a dejarla estar, pero no puedo permitirle anidar así que mañana mismo tendrá que marcharse.

Soy una persona sentimental, quienes me leéis desde hace tiempo lo sabéis, incluso podríamos decir que extremadamente sensible, no lo puedo remediar y como alguna que otra que yo me sé, también admito que - no lo soy, ojo - me pongo intensa.

Estaba pensando que en realidad somos tanto lo que nos rodea, lo que vivimos, lo que elegimos, lo que nos pasa o no nos pasa que al menos la mitad de nuestro "yo" no es innato.
La familia nos modela y luego las parejas nos cambian, los amigos nos cambian, lo hacen los libros que leemos, las películas que vemos y hasta la música que otros cantan.

Todo esto viene a que ahora mismo me pasa algo en la vida que me emociona, me hace feliz, es una cosa que quería desde hace siglos y no soy capaz de disfrutarlo como debiera. 
Le he dado vueltas a si es porque me da miedo, porque soy una perfeccionista obsesiva y me preocupa lo que se escapa a mi mano, si es porque tenía una época más triste y no era capaz de asimilarlo...

Creo que al final es un poco por todas esa cosas pero quizá también porque la circunstancia me recuerda a alguien del pasado, a quien se marchó y luego yo tuve que decir adiós para superarla y ahora inevitablemente vuelve de su exilio por una circunstancia puntual, pero que me duele.
Y me duele porque fue una parte fundamental y no sé si lo que me pasa es que me molesta que una cosa feliz me la estropee porque me la recuerda o que no está para decirle: gracias.

Me da que la verdad es las dos, así que solo puedo decirle desde aquí, aunque nunca lo sabrá porque no lo leerá, que estoy muy agradecida por lo que me aportó, por lo que me enseñó, por cuanto creo que me quiso, pero que ahora esto que pasa es para mí, es mi vida, lo he hecho yo y es hora de volver a cerrar y decir de nuevo, adiós.