lunes, 26 de noviembre de 2018

Docente y discente

Hace bastantes años que doy clase, siempre me ha gustado enseñar y suelo ser una persona con bastante paciencia.

He tenido alumnos desde los siete años hasta los diecisiete, muy diferentes edades para intentar meter algunas cosas buenas en esas cabecitas jóvenes.

En todo este tiempo he podido ir viendo el cambio de los tiempo -vale, eso quizá ha sido exagerado, ni que tuviera yo sesenta años- me refiero a que según van pasando los años me he ido dando cuenta de lo diferentes que son los niños y los adolescentes desde que empecé hasta este momento.

Hay muchas ocasiones en las que he tenido grupos estupendos, otros aburridos, algunos rebeldes pero admito que en este curso son de los más entrañables.

Conozco a varios de ellos de antes porque juegan en un equipo de fútbol del barrio y yo de vez en cuando voy a ver los partidos.

Ser profesora no es ninguna tontería, para mí no es soltar un rollo de explicación y hacer deberes; pienso que enseñar en mucho más, que educamos personas en muchos mas ámbitos y no solo en una asignatura determinada.

Me gusta creer que algún día se acordarán de mí, que guardarán un pequeño recuerdo de la profe que les explicaba, que les escuchaba los problemas y batallitas que a veces no cuentan ni a sus padres, que les invitaba a leer, a pensar, a que tuvieran más sueños y no se limitaran, que les animaba a estudiar algo más que la educación obligatoria porque sabía que podían lograrlo con empeño.

Admito que dar clase hace que termine absolutamente agotada, muchas veces de los nervios y me implico tanto con alumnos y padres que pasan horas hasta que mi cabeza consigue desconectar.

Con todo ello me gusta, aunque a veces pienso que me dan más disgustos que alegrías pero en conjunto vale la pena.

Normalmente vienen a clase medio desganados, un poco dormidos y parece que te miran como si fueras una pesada o un enemigo que les manda hacer tareas que les molestan.

Hace tan solo unos días, sin embargo, me demostraron todo lo contrario. Les comente sin más que estaba participando en un concurso de frases de una página de una red social, que había elegido unos versos de uno de los poemas de mi libro y que si pasaba todas las fases ganaría un premio.

De repente empezaron a sacar los móviles y a buscarme en la red y a preguntarme y preguntarse como podían votar por mí.
Me vi espectadora de una pelicula donde unos a otros iban animandose incluso imponiéndose imperativamente, que todos participaran para ayudar.

Eso mismo pasó durante todas las fases, cada día al llegar no olvidaban preguntarme si había ido ganando y pasando a la siguiente y no dudaban en soltar sus opiniones de que la mía era con diferencia mucho mejor que las de mis contrincantes y que tenía más mérito si yo ganaba porque algunas de las otras hasta tenían más seguidores.

El día que gané y se lo dije, sonrieron y se alegraron como si de ellos mismos hubiera sido el premio. al recordarlo me sale una sonrisa de oreja a oreja porque guardo en la memoria sus caras y descubrí que había sido como si el triunfo de uno hubiera sido el de todos.

Ellos me han enseñado a mí lo que es un equipo y estoy maravillada porque creo que después de todo quizá sí me guarden cariño. He descubierto que hay mucha esperanza en y para los niños del futuro. Esta vez de verdad, que consiguieron emocionarme.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Tu luz

Está claro que no me quieres como yo a ti,
hace demasiado tiempo que  lo sé 
y me engaño diciendome que sí.

Pero no, no me quieres, 
no lo haces si cada vez que dedicas palabras bonitas 
de forma pública
nunca me nombras a mi;
no han sido ni dos ni tres veces, 
y he pasado por alto la ofensa porque... 
porque eres tú, 
-supongo- 
y te perdono casi todo.

Lamento sufrir tanto por ti, 

preocuparme, pasarlo mal, 
interesarme, procurar tu bien, 
intentar estar siempre para ti y ayudarte 
y no obtengo respuesta.

Estoy harta de disimular tus feos, 

de protegerte, 
de cubrirte, 
de adornar tus mentiras, 
de justificar tus rarezas, 
de quererte sin recibir compensación
ni cariño de vuelta. 
Estoy harta.

No sé si más harta de mí o harta de ti, 

porque no me pediste que te quisiera, 
ni me que quedara.
Intentaste alejarme con tus alegatos y tu indiferencia 
y yo he sido tan testaruda 
buscando tu caso,
que me he olvidado de mi orgullo 
y de mí,
en ese aspecto.

Seguramente soy una estupida. 
Estupida por quedarme, 
por seguir, 
por empeñarme en que vales tanto la pena, 
en que no puedo dejar que te apagues,
no puedo dejar que se vaya tu luz.

lunes, 29 de octubre de 2018

Perfectos desconocidos

Hace unas semanas vi una película española que me había parecido graciosa y que sería entretenida según el trailer que habían puesto decenas de veces en televisión antes y durante su estreno en los cines.

La película se llama Perfectos desconocidos y sin ánimo de hacer demasiado spoiler y jorobaros la historia, os cuento que se trata de un grupo de amigos de mediana edad, la mayoría de ellos casados y algunos con hijos como corresponde a los estándares típicos de la sociedad.

La trama sucede casi en su totalidad durante una cena donde todos los personajes se reúnen para pasar la noche entre amigos y disfrutar de la velada.

Aparentemente no parece tener nada del otro jueves hasta que se les ocurre hacer un juego donde los posibles secretos de cada uno salgan a la luz delante de todos.

Evidentemente aquello no deja impasible a nadie porque hasta el más insospechado tiene algo que callar.

La película estuvo bien, no es una obra maestra del cine, pero cuenta con bastantes actores españoles buenos y conocidos y la trama es entretenida. me pareció que para una noche en que la no te gusta nada de la programación de la tele, es una buena opción.

Sin embargo más que de la película en sí, quería hacer este post para reflexionar sobre el mensaje que da.

Es decir, plantea la opción de que las parejas y los amigos sepan la vida y milagros de todos ellos sin mayor filtro, sin disfrazar ninguna historia, viendo de primera mano lo que son, lo que hacen y todas sus intimidades.
Eso evidentemente desata que se conozcan secretos sobre las relaciones personales entre ellos, situaciones que no querrían que se supieran porque afectarán a sus futuros como amigos y parejas.

Por eso para mí la cuestión es: ¿la sinceridad debe de ser siempre nuestra bandera por la vida independientemente de las consecuencias posiblemente desastrosas que nos pueda acarrear? o ¿Es mejor guardar una serie de intimidades para nosotros mismos que eviten males mayores a un nivel superior?

Me encantaría saber si sois de los de la verdad por delante aunque duela o de los que creen en las mentiras más o menos piadosas que evitan problemas. ¿Habéis visto la peli? ¿Os gusta el cine español?  Espero vuestros comentarios.
  

lunes, 15 de octubre de 2018

El perdón

Estaba mirando las redes sociales por pasar el tiempo pensando que, más bien lo estaba perdiendo, pero sin muchas ganas de hacer otra cosa a estas horas de la noche.

Tengo unos cuantos amigos en ellas y también sigo bastantes páginas de cosas que me interesan, escritura, oposiciones, frikadas, psicología... y entonces apareció un vídeo que al pasar empezó a reproducirse.

La primera frase decía: Me perdono y no tuve por más que seguir viéndolo en vez de pasar a otro menester.

Eran una serie de cosas por las que el autor se pedía perdón, tanto por haberlas hecho como por no haberlas realizado y evidentemente estaba hecho con la intención de que cada uno de los que lo veamos empaticemos y consigamos que nos llegue de verdad y saquemos una reflexión y quizá una enseñanza.

Así que me he puesto a pensar, en el perdón en sí, en el hecho de perdonar a los demás cuando nos dañan, en que nos perdonen a nosotros cuando metemos la pata y sobre todo en el hecho de perdonarnos a nosotros mismo por tantas cosas que, como decía el vídeo, hemos y no hemos hecho en nuestra vida.

No sé los que me leéis si lo veis así, pero yo considero que meto continuamente la pata y a veces mis acciones u omisiones repercuten en el resto de personas, es inevitable, por más que no haya querido o que haya intentado evitarlo, pero a veces ocurre.

Soy de esas personas que lo pasa verdaderamente mal, los remordimientos me comen, soy incapaz de dejarlo correr o intentar olvidar y mucho menos de perdonarme a mí misma aunque siento que necesito el perdón del resto.

Quizá por eso siempre perdono. Pienso que necesito que conmigo lo hagan y me equivoco tanto que ¿quién soy yo para juzgar a los demás? 
Al menos puedo perdonar a quien me ha hecho daño, porque tiendo a creer en la bondad de las personas y si yo hago todo sin maldad aunque puedan tener repercusiones mis actos, estoy convencida de que los demás no hacen nada con la intención primera de dañar.

Los humanos somos muy imperfectos, creo que tenemos cierta atracción y predisposición a determinadas piedras en nuestra vida y me parece fundamental que aprendamos a ser conscientes de ello e intentar aprender algo.

Hay que perdonarse y seguir y hay que perdonar y seguir también porque la vida es cierta medida es eso; sino nadie avanzaría personalmente, estaríamos enfadados con el mundo entero y no seríamos capaces de tener familia, amigos ni amores y lo más triste es que ni nos soportaríamos a nosotros mismos.

Para mí el perdón da futuro, da un mañana y deja a un lado el más o menos fallido ayer, así que deberíamos pensarlo y empezar a actuar en consecuencia.

¿Eres de los que perdonan y no olvidan? ¿Tienes una colección de piedras en el baúl con las que te encariñaste? Sea como sea, me encantará saber lo que piensas.

lunes, 1 de octubre de 2018

Lunes y día 1

Lunes, día 1, comienzan las clases, se acabaron las vacaciones, familia lejos, vuelta a la rutina, mi cumpleaños...

Los primeros de mes siempre me han parecido una nueva oportunidad acompañada de un estúpido e ilusorio impulso por aquello de agarrarse a una fecha.
Lo mismito, lo mismito que eso de los lunes; que si empiezo la dieta y cuando llega el jueves ya me la he saltado, que si me arranco a empezar con el deporte, o a leer algo que no me interesa en absoluto, o a estudiar idiomas, etcétera, etcétera y más etcétera.

Si ya da la casualidad de que es lunes y primero de mes ya no te digo nada, doble intención que me coge con respiración profunda y ganas elevadas al cuadrado.

Como además empieza el curro ha sido llamado por mi querida amiga Estela como super lunes y si tenemos en cuenta de que además es mi cumpleaños, hay que añadir un suplemento, un cambio de número en las velas que irán encima de la tarta y que tan tontamente también parecen condicionar el futuro. 
Total, que nos ponemos en super, super lunes o si se quiere, por aquello de que seáis de ciencias y no de letras, en lunes al cubo.

Creo que desde que cumplí los 30 -y perdón por ponerlo en número y no en letra como es lo correcto, pero es que así como que resalta más más la enfatización- cada año que cumplo es un poco depresión; todo el mundo mayor te dice que ojalá los pillaran ellos, que soy una chiquilla o que estoy en la flor de la vida.
Los más jóvenes que yo me dicen que no los aparento, que no es para tanto y preciosidades así que agradezco, pero, ¡leche! si tú tienes 20 años y aún puedes salir viernes y sábado y hasta empalmar el lunes sin dormir, no sabes nada de la siguiente década.

El caso es que estaba pensando en los cambios; a veces agradezco la continuidad y la rutina, la monotonía que tan bien conoces y que te aporta cierto bienestar y tranquilidad en la vida.
No soy, en principio, una persona que lleve bien lo de andarse mareando tanto, cambiar así porque sí, hoy aquí y mañana allí nunca ha sido para mí porque me inquieta, me atormenta  y me perturba como dice quien todos sabemos.

Sin embargo confieso que otras veces el ver, hacer y sentir lo mismo durante el tiempo suficiente, me agobia, me cansa, me desespera y me urge la necesidad de otra cosa de manera inmediata.

Quizá soy una persona un poco rara, o podrían decir que soy complicada, que le doy demasiadas vueltas a las cosas, que soy exagerada o incluso que tiendo al drama... quizá. 
Lo que sí es cierto es que soy muy metódica y me gusta mucho la liturgia (estoy pensando que he nacido varios siglos después de lo que debería y en el cuerpo incorrecto como para ser la letrada que me gustaría) y el hecho de que esté lloviendo ahora mismo promete para elevar a cuatro mi potencia del día.

La lluvia siempre es señal de que limpia algo, la calle, los coches... y que hidrata la tierra y la vegetación.
Vamos a aplicárnoslo; por esa regla de tres, voy a tomarme el agua de la lluvia de manera que va a limpiar, después a hidratar y que así florezca al final. Todo ventajas.

Así que voy a tomarme por una vez en serio todas las señales y a ver si el universo me está dando el impulso para que empiecen los cambios.

¿Estáis tan locos como yo y os apetece contarlo aquí? ¿También vuestro cumpleaños? Pues felicidades. ¿Creeis que toda esta reflexión extraña es porque se juntan todas esas circunstancias o porque estoy más cerca de los 40 que de los 30? En fin, sea lo que sea, me encantará leer vuestros comentarios. Abrazo para todos.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Presentación del libro Huevos revueltos para desayunar

Hace aproximadamente un año sonó el timbre de casa, era un repartidor de una empresa de paquetería, traía una caja bastante grande y una sonrisa y tras firmar y cerrar la puerta, miré el remitente, era de la editorial que había publicado mi poemario, sí, la caja contenía los primeros ejemplares de mi libro, los marca páginas y unos cuantos cuadernos en blanco con la portada de Huevos revueltos para desayunar. Creo que fue uno de los mejores días de mi vida, sin dudarlo.

Después de eso vinieron recitales de poesía, la feria del libro y muchos eventos que me están dando montones de alegrías. Ahora toca hacer las presentaciones oficiales de mi libro y estoy encantada de poder decir que la primera va a ser en casa, en Madrid y después seguiré en Andalucía donde hace mucho tiempo que vivo.

El lugar para este evento será un local que hace las veces de café, gastrobar y librería y que se llama El dinosaurio todavía estaba allí, está en la C/Ave María 8 y las estaciones de metro que mejor quedan para acercarse son las de Lavapies, Antón Martín y Tirso de Molina.

Es un sitio estupendo y muy conocido de la capital donde ir a disfrutar de una carta magnífica de comidas o de un café, donde también apuestan por las actividades culturales y dan un gran apoyo a los artistas; muchas veces hay actuaciones musicales, presentaciones de libros o recitales de poesía, por ejemplo, así que no dudé en elegirlo para realizar la presentación de mi poemario.
  
Por si fuera poco con la presentación, se recitarán algunos de los poemas del libro, habrá una magnífica exposición donde la artista andaluza Piper ha interpretado algunos de los poemas del libro realizando unos cuadros maravillosos. Además la cantautora Rata India se encargara de la música con su preciosa voz y su guitarra.

Me encantará veros a todos los que esteis en Madrid y queráis acercaros a la presentación; los artistas nos alimentamos mucho del calor humano, así que agradecemos todo el apoyo que nos dais acudiendo a estos eventos que tanta ilusión nos hacen.

Os veo a las 19.30 este viernes día 14 de septiembre en  El dinosaurio todavía estaba allí, será una tarde cultural y muy entretenida.

lunes, 20 de agosto de 2018

Fotos del pasado

Hace unos días haciendo limpieza de trastos y cosas antiguas, aparecieron un montón de fotos de una relación pasada que tuve y que duró algunos años.

Me entretuve en mirarlas, una a una, y me vinieron a la cabeza esos sitios de las imágenes, esos días, las circunstancias... el pasado al fin y  al cabo que por un momento se ve en presente y es lo que conforma los recuerdos, buenos o malos pero recuerdos.

Es curioso ver las primeras fotos, fotos que salieron horribles, fotos que hicieron terceros, fotos de viajes, fotos que te gustaban especialmente , fotos que ni fu ni fa, las últimas fotos que se hicieron y que ni sabías que serían las últimas.

Recuerdas sitios a los que fuiste y que ni te acordabas, momentos en los que reías y lo pasabas bien y que por eso decidieron inmortalizarse; escenas que al ver las imágenes te vienen a la cabeza y te hacen lo mismo sonreír que poner cara de asco o simplemente de tristeza.

Piensas que cuando estuviste con alguien significabas todo porque también lo significaba para ti en ese momento y ahora, después de tantos años de aquello, ya no te queda nada de amor, ni de cariño, ni de amistad siquiera y provoca pena, la provoca porque sientes que ha sido un tiempo tirado, que con semejante mal final es como si no hubiera valido la pena, que no has aprendido nada en ese tiempo.

Me molesta por ejemplo ver fotos de la casa donde vivimos porque son muchos ratos del día a día donde crees que fuiste un poco feliz pero ahora sientes que fueron mentira y por eso te hacen daño; yo creo que si has querido de verdad aunque las relaciones se terminen, podemos finalizar siendo todos civilizados y no está de más guardarse cariño, pero supongo que por algo dijo aquel que "del amor al odio solo hay un paso" y es una verdad como un pino de grande.

Creo que es mejor pensar que sí te ha querido esa persona del pasado porque después de haber puesto tanto esfuerzo, ganas, empeño y tiempo, es desagradable quedarte en la memoria con  tan mal sabor de boca.

Veo en esas fotos un pasado que no quiero, pero que sí o sí forma parte de mí, de quien fuí, de lo que hice, de lo que soy en el presente y seré en el futuro, todas las experiencias vividas nor forman.

Admito que soy una persona extremadamente sensible, empática, ñoña incluso en determinadas ocasiones y estar rompiendo foto a foto mientras voy escribiendo esta entrada en el blog me disgusta un poco.

No es por romper con el pasado, porque sinceramente está más que roto, olvidado y enterrado y si volviera atrás, no me gustaría que volviera a repetirse si lo valoro en su conjunto, me parece que es más por todo lo que rodeó ese tiempo y a esa relación, por todos los inconvenientes y la lucha que acarreó desde el principio hasta el desastroso final.

Soy tan tonta que pese al daño hecho, en el fondo me da pena, esa persona me da pena porque no creo que llegue a ser feliz.
Parecía tan buena al principio... siempre tiendo a creer en las personas y en la bondad innata de su corazón aunque me digan que soy una tonta, de verdad quiero pensar que me quiso y me cuidó y deseó lo mejor para mí al menos un tiempo, aunque ahora me odie.
Es algo que necesito pensar porque por un lado las personas necesitamos sentirnos queridos y por otro porque sería lamentable para mí saber que una relación que me hizo perder tanto irrevocablemente, fue mentira y de verdad varios años perdidos.

Quiero poco pero cuando lo hago es muy de verdad y por eso me duele tanto sentir traición, falta de interés y mediocridad en las relaciones, sean de amor, de amistad o de familia.

Ella tenía varias virtudes, es cierto, pero sobre todo muchos defectos o tal vez solo incompatibilidades conmigo, que más que nada vi cuando se acabó todo.
¿Aprendí algo de ella en tantos años? Quizá sí, que el amor no era eso, que lo primero que hay que hacer es quererse a uno mismo, que hay que pensarse un par de veces el dejarlo todo por una persona, que lo que se quiere hay que cuidarlo, que si otro lo hace yo también soy capaz de hacerlo.
Tras romper las fotos que quedaban y que fueron las ultimas que nos habíamos hecho, he recordado que aprendí que no voy a desearle más que lo que merezca y a agradecer lo bueno que hubo y sobre todo algo muy importante, que puedo ser muchas cosas, de hecho puedo ser y hacer lo que quiera en la vida pero esto lo tengo claro, ni siquiera la odio pero no quiero ser como ella.

¿Vosotros tenéis amores pasados de los que no queréis saber más? ¿Sois amigos? ¿Creeis en la bondad en las personas? Me encantaría saber que opinais.